Como la golondrina que va y viene, vuelvo a las andadas escribiendo cosas que más que probable, es seguro que no llegué a leerlas nadie; y si lo hace, allá él, es su salud.
Son tantas las cosas que nos ocurren a lo largo de la vida, y tantas son las que nos quedan por vivir, que si ahora me pusiese a explicar que me atormenta o que lo deja de hacer estaríamos aquí muchísimo tiempo. Así pues, me limitaré a decir, que la vida da muchas vueltas, y que aunque digamos que "no" rotundamente a algo, al final, por muy vigente que se presente el orgullo acabamos cediendo al perdón, o al menos a algo similar. Con esto no quiero decir que olvide todo lo que me ha ocurrido, ni que olvide todo lo que puede llegar a ocurrir. No. Las cosas no son tan sencillas, y aunque perdones a alguien, hay "algo", que se queda ahí; en la "pequeña caja", "algo" que te reconcome y no te deja ir en paz. Mas no es tan difícil convivir con este "algo", pues creo que es una de las cosas que hago desde que tengo conciencia de mi ser. Y diréis: bueno, si no quería contar lo que le atormenta, ¿a qué viene este monólogo de reflexión?... A lo que os contestare, señores, que simplemente tenía que desahogarme.
martes, 9 de agosto de 2011
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)